Maquillaje de ojos y de labios: ¿de verdad hay que elegir uno solo? Los expertos desmontan el mito

  • Por:jobsplan

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05/2022

En plena época pandémica no había mucho donde elegir en términos de maquillaje. Que la mascarilla cubriese el tercio inferior del rostro dejaba todas las apuestas a una sola carta, la de maquillar los ojos.

Lo corroboraba la plataforma de búsqueda inteligente Captify con datos en la mano: a nivel mundial, entre el 30 de enero y el 19 de mayo de 2020, la búsqueda en e-commerce de productos de maquillaje de ojos subió un 52% mientras la búsqueda de labiales ha bajado un 8%. El famoso Lipstick Index fue desbancado entonces por el Eyeliner Index.

Sin embargo, la relajación en el uso de la mascarilla ha traído consigo el esperado regreso de las barras de labios. Y, con él, el recuerdo de esas norma no escrita del maquillaje que afirma que si se maquillan los ojos 'fuerte', con sombras, eyeliners vistosos y técnicas tipo smoky eye, hay que olvidarse de subir el tono de la boca.

Nada de maquillar mucho ojos y labios a la vez: el ejemplo en la moda

Cuando la estética de los años 90 estaba en pleno apogeo, en la calle había al menos dos asuntos de moda controvertidos entre la juventud de la época.

Uno era el largo de los pantalones: se llevaban tan largos que arrastraban, para desesperación de progenitores que ponían el grito en el cielo cada vez que veían cómo sus vástagos limpiaban las aceras con el bajo de sus vaqueros. Si se veía la zapatilla, y el tobillo ya no digamos, la horterada estaba asegurada (recordamos hoy que todos los largos de pantalones, desde culotte a tobilleros a extralargos conviven en pacífica armonía 'fashion').

El otro espinoso tema era el de combinar azul marino y negro. Recuerda S.M., adolescente entonces, que el uniforme de su instituto se componía de falda escocesa en rojos y azules y jersey marino, y que jamás de los jamases se le ocurrió llevar ni medias ni calcetines negros (y si podía evitar el color en los zapatos, pues mejor). ¿No es hoy este dúo cromático uno de los preferidos de las expertas en moda? Por no hablar de otra combinación que hoy se erige como de las más atrevidas a las par que elegantes: la de rosa y rojo ("patada en el ojo", se decía).

Aunque aquí hemos venido a hablar de belleza, sirvan estos ejemplos para darnos una primera idea de cuánto puede tener 'la gran norma no escrita del maquillaje' de base real detrás.

No hay una verdad por la que no se deban recargar ojos y labios

Cuenta rotundo Baltasar González Pinel, maquillador y director artístico de MAC en Europa, Oriente Medio, África, India y Rusia, además de cofundador de la la academia de maquillaje Bogart Makeup, que la afirmación de que no se deben 'cargar' de maquillaje ojos y labios de una misma vez no tiene ni una base estética ni existe ningún fundamento 'científico' al hablar de ello en términos de "relaciones entre los pesos gráficos compositivos".

"A nivel maquillaje, el rostro no es sino un área donde se componen efectos. Al hablar de compensar los pesos gráficos nos referimos a distribuir el peso o la información gráfica de interés visual (que se traduce en cuánto y cómo se maquilla cada zona) en toda la cara en general. Pero no hay una ley ni efecto psicoperceptivo que demuestre que cargando una zona, otra, o ambas, o descompensándolas por el contrario, se elimine parte de la atención del observador por dichas áreas", aclara el maquillador.

Maquillaje de ojos y de labios: ¿de verdad hay que elegir uno solo? Los expertos desmontan el mito

Sí que es verdad que hay unos lugares del rostro en los que un observador se detiene, y esos son ojos y labios, por eso se maquillan más. Y de ahí el porqué de pueda existir la dicotomía de la que hablamos.

"La información expresiva que extraes de los ojos es mucho mayor que la que sacas de los labios; sin embargo, los labios son, desde el punto de vista estético, tan bonitos, que de manera cultural tenemos en ellos otro foco de atención. No son tan 'emocionantes' como los ojos a la hora de transmitir, pero sí lo son a nivel estético", defiende González Pinel.

Dicho esto, no hay colores que se lleven a matar o que no peguen entre sí, solo hay que sentirse a gusto con ellos. Si te sientes identificada con unas sombras verdes y unos labios rojos, o con un ahumado en negro y boca burdeos, nada impide llevarlos.

El maquillaje como libertad de expresión

Hablábamos de la moda de los 90 y sus códigos no escritos pero sí seguidos. Y retomamos la moda para explicar la razón de la falsa regla del maquillaje que nos atañe. "Para democratizar la moda y la belleza y hacerlas 'digeribles' por el gran público se han necesitado unas leyes, unas normas, para que los no especialistas en el asunto las comprendan y se adhieran a ellas", cuenta Baltasar González Pinel. "En maquillaje, la de no poner el foco en ojos y labios a la vez parece que tiene lógica, pero se disfraza de norma infalible cuando no tiene fundamento", prosigue.

Se podría buscar, de alguna manera, su origen como respuesta contraria al exceso de los años 80, cuando más era más en maquillaje (y en todo), cuando ojos y labios eran lienzos en blanco que llenar de colores... Pero sólo si nos da por empezar a buscar 'culpables'.

El reverso tenebroso de esta 'ley' del maquillaje carente de base argumental -y no es la única, otra es que el negro endurece la mirada cuando, según el maquillador Iván Gómez de Chanel, "con un trazo de eyeliner negro cambias y mejoras el ojo sin que se note la mano del maquillador"- es que tiene consecuencias estéticas a nivel social, porque al intentar normativizar el maquillaje se incurre en algo más serio, que es privar a una persona de que se exprese con libertad.

"Como sociedad, la norma debería ser: si te quieres maquillar mucho los ojos y poco los labios, hazlo; si te quieres maquillar mucho los labios y poco los ojos, hazlo; si quieres hacer las dos cosas, hazlo. Hoy en día no hay un solo estilo, o dos, o tres...", defiende González Pinel.

El maquillador no es el único que sostiene que el maquillaje no debería sino ser una foma de expresión particular de cada individuo, como secundaba en 1999 en su escrito 'Doing Looks'Liz Frost, profesora de la UWE de Bristol en experta en Ciencias Sociales: "Es un proceso de identidad que tiene significados como el placer y la expresión creativa de uno mismo".

El problema es la libertad total en la toma de decisiones estéticas no existe: por mucho que nos guste el color verde menta, hagamos la prueba de llevar los labios pintados así a una entrevista de trabajo, a ver qué pasa... Estamos anclados en unos modelos y estereotipos cuyo catálogo, por suerte, se va ampliando poco a poco (las marcas de moda fichan a modelos sénior o con medidas que se salen de aquel 90-60-90, la cana ahora es bella...) y se vuelve más flexible... "Y en este desmontar estereotipos por fin reconocemos que si te maquillas mucho los labios y los ojos a la vez no dejas de ser tú, ni 'sale' algo antiestético, ni es algo irracional...", argumenta González Pinel.

Como también defiende la psicológa británica Elaine Slater, "el maquillaje es lo que tú hagas de él, es una elección". Y añade Gonzále Pinel: "La única norma debería ser que el maquillaje fluya, no te limite y no te sea incómodo, que sea agradable a tu vista y no a la de los demás. Tiene que ser placer y comodidad para uno mismo, sin forzar".

La historia da la razón... o lleva la contraria

Olivier Echaudemaison, quien fuera director artístico de Guerlain durante más de 20 años, recuerda en su libro 'Color of my life' que Nefertiti, de acreditada belleza, y ya 14 siglos antes de Cristo, realzaba sus ojos con kôhl y sus labios con carmín. A ver quién es el guapo que ahora intentaría explicarle que nada de poner los focos de atención en ambas zonas.

No es el único caso histórico que lleva la contraria. Si maquillar ambos focos produjera una desconexión estética de la belleza, no existiría el maquillaje tradicional de las geishas.

¿Y qué sería del maquillaje clásico, tradicional y elegante, aceptado como universal, que es la combinación de labios rojos, eyeliner negro con pestañas y cejas bien marcadas, que tan de moda estaba en los años 40 y 50? Marilyn Monroe o Rita Hayworth no hubieran sido lo mismo sin él.

Porque cada década de los siglos XX y XXI ha tenido sus 'excesos'. "De los años 10 a los 30 de 1900 se redescubrió la industria cosmética: hasta la cejas se maquillaban de verdes o morados. Y Josephine Baker era la reina del dúo ojo+labio oscuro", recuerda Baltasar González Pinel.

Es cierto que en los 60 todo eran ojos, pero qué ojos: los pestañoñes de Twiggy, las sombras de colores pastel, los eyeliners banana que redescubrían todas líneas que hay en un ojo...

En los 70 se vive una transición, donde igual se ven los ojos de la modelo Veruschka a lo años 60 que un camino hacia los 80, como eran los looks de más es más de Grace Jones o Debbie Harry, donde la explosión de efectos y colores en ojos y labios, por no mencionar los coloretes, encaminó la tendencia del horror vacui...

Y si nos fijamos en los 90 con detalle, como señala González Pinel, aunque el minimalismo y la naturalidad parecían la norma, es la época de las sombras en acabado gloss combinadas con bocas de perfilados muy significativos, más oscuros que el propio labio, proliferaban entre las tops de la época.

Así hasta llegar a hoy, donde todo vale -desde una Helen Mirren setentañera con smoky eyes y labios rosas a una Selena Gomez con total look en la portada de su último disco- por el intento de derribar estereotipos que mencionaba el maquillador de MAC en pos de una libertad real también en términos de maquillaje.

Porque, como sostiene Lisa Eldridge, maquilladora británica estudiosa de la historia de la belleza en la conclusión de su libro 'Face Paint': "Nada empodera tanto a una mujer como el derecho a la educación y la libertad de elegir si llevar un labio rojo y un ojo ahumado... o no hacerlo".


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