Anemia ferropénica: que és, síntomas, causas y consecuencias

  • Por:jobsplan

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10/2022

Seguramente el término "anemia" resulta familiar para una gran mayoría de personas; sin embargo, pocas veces se profundiza en el significado real de esta enfermedad.

Qué es la anemia

La palabra "anemia" procede de la expresión griega an haima, que significa "no sangre". Y ciertamente se habla de anemia cuando hay "menos sangre", es decir, menos glóbulos rojos o eritrocitos, que son un componente esencial de la misma.

Dicha anemia se mide de forma precisa por la hemoglobina circulante, el pigmento rojo que constituye gran parte de esos glóbulos rojos. Se habla de anemia cuando hay menos de 13 g/dl de hemoglobina en los hombres, menos de 12 g/dl en las mujeres y menos de 11 g/dl en niños.

Ahora bien, al contrario de lo que a veces se cree, no siempre la causa de esta "falta" de hemoglobina es la carencia de hierro. Hay otras posibles causas, como una fabricación anómala de eritrocitos o hematíes por un déficit de B12 o ácido fólico, o por enfermedades crónicas o que afectan a las células que "fabrican" los glóbulos rojos.

Otra causa de anemia o déficit de hemoglobina son las pérdidas de sangre debidas a hemorragias digestivas, hemorroides, neoplasias, etc.

Atención, pues, a la automedicación y a los auto-diagnósticos. No siempre que se habla de anemia nos referimos a la anemia ferropénica, así que no siempre que haya síntomas de anemia o una cantidad deficiente de hemoglobina deben tomarse suplementos de hierro y vitaminas: podría cometerse un grave error.

Nos centraremos en la anemia ferropénica, la debida a una insuficiencia de hierro, y también la más común.

Mujeres y niños: los más afectados

La anemia por falta de hierro o ferropénica, representa hasta un 45% de todas las anemias y es la carencia nutricional más frecuente del mundo desarrollado.

Más de 800 millones de personas en el planeta sufren este problema. De hecho, en los países industrializados afecta a un 6-9% de la población.

Las personas más propensas a sufrir este problema son las mujeres embarazadas, las mujeres en edad de procreación y los niños.

Todo esto no quiere decir que los hombres adultos estén libres de este problema, pero sí es cierto que lo sufren con menos frecuencia.

¿A qué se debe la falta de hierro?

El hierro es esencial para sintetizar la hemoglobina, que, como la misma palabra indica, es una molécula compuesta de hierro y proteínas de tipo globina. Es la síntesis se produce sobre todo en la médula ósea y sin hierro suficiente no puede realizarse.

Si se produce menos hemoglobina, de entrada los glóbulos rojos la contendrán en menor cantidad y eso es lo que se detectará en el análisis de sangre.

En cuanto a las causas de la anemia ferropénica pueden destacarse varias:

Dieta pobre en hierro

Anemia ferropénica: que és, síntomas, causas y consecuencias

Aunque numerosos alimentos contienen hierro, la escasez de este mineral en la dieta es una causa relativamente frecuente de anemia, incluso en países donde no se dan problemas de malnutrición. Esto se debe a que a menudo las dietas que se siguen son muy desequilibradas.

Un colectivo propenso a este déficit es el de los vegetarianos estrictos, pues aunque el hierro está presente en el mundo vegetal su absorción por parte del organismo es mucho menor y, si la dieta no está muy bien diseñada, las carencias son frecuentes. Además pueden tener déficit de vitamina B12, que también influye negativamente en el nivel de hierro.

Otro colectivo de riesgo es el de las personas que siguen dietas muy drásticas. No es infrecuente que esas dietas no lleguen a cubrir los requerimientos mínimos de hierro. Un caso extremo sería el de las adolescentes que estando en pleno periodo de crecimiento siguen dietas desequilibradas o monótonas.

También son vulnerables las personas ancianas, pues a veces, por problemas económicos, masticatorios o digestivos, siguen dietas pobres en hierro.

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Pequeñas hemorragias

A menudo la ingesta de hierro es correcta pero se producen pérdidas exageradas.

Sería el caso de las personas que toman con frecuencia fármacos como la aspirina, que producen microhemorragias en el estómago.

También pueden producir un gasto extra de hierro las hemorroides sangrantes, aunque sean poco importantes. Un microsangrado pequeño pero constante acaba produciendo una pérdida de hierro que debe tenerse en cuenta.

Otro factor relevante es la menstruación. Una persona con menstruaciones muy frecuentes o abundantes tiene lógicamente unos requerimientos de hierro más elevados.

Las pequeñas tumoraciones en el útero o el intestino pueden aumentar asimismo las pérdidas de hierro, incluso aunque se trate de tumoraciones benignas.

Embarazo y lactancia

Como se ha explicado antes, estas dos etapas fisiológicas comportan unas necesidades de hierro mayores. Durante la lactancia la leche materna aporta dosis considerables de hierro imprescindibles para el bebé.

Además, la nueva mamá acaba de pasar con el embarazo una etapa de alto desgaste, con requerimientos de hierro más altos. Esta es una de las causas por las que no es nada recomendable iniciar ningún tipo de dieta durante la lactancia.

Crecimiento

Hasta el final de la adolescencia se produce un crecimiento marcado y las necesidades de hierro aumentan. Este hecho no es baladí, porque con frecuencia los adolescentes siguen dietas desequilibradas.

Además, en esta etapa se empieza a comer de forma distinta a la familiar y a tener cierta autonomía gastronómica, con lo que el peligro de carencia aumenta.

Problemas intestinales

En ocasiones la dosis de hierro ingerida es correcta pero por problemas intestinales no se absorbe bien.

El organismo absorbe el hierro en el tramo superior del intestino delgado. Cualquier alteración grave de esta parte del tubo digestivo muy probablemente conllevará un déficit de hierro.

Enfermedades que comportan una mala absorción generalizada o un tránsito intestinal demasiado rápido también contribuyen a la carencia de hierro.

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Consecuencias de la anemia en la salud: algunas pueden ser graves

Recordemos que el hierro es imprescindible para fabricar la hemoglobina, que se encuentra en los glóbulos rojos y se encarga básicamente de transportar el oxígeno por todo el organismo a través del torrente sanguíneo.

Además, el hierro es un componente de la mioglobina, una sustancia comparable a la hemoglobina y que también transporta oxígeno en los músculos.

Otra función del hierro es formar parte de cientos de enzimas.

Por tanto, la anemia tiene consecuencias, y muchas. Ahora bien, esas consecuencias no siempre son perceptibles.

Sintomas de la anemia ferropénica

Los siguientes son algunos de los síntomas más significativos que puede producir la anemia ferropénica. No siempre aparecen todos ni con la misma intensidad. Dependerá de la persona en cuestión y de la gravedad de la anemia:

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¿Cómo se detecta la anemia?

No es fácil detectar una anemia sin una analítica sanguínea de por medio. Los síntomas anteriores pueden proporcionar una pista pero es la cantidad de hemoglobina del análisis de sangre la que dará la certeza.

Y no solo eso: para estar seguros de que se trata de una anemia ferropénica, además de una tasa baja de hemoglobina, debe haber unos eritrocitos pequeños o microcíticos, un nivel de hierro en la sangre o sideremia más bien bajo y unos depósitos de hierro o ferritina por debajo de lo normal.

Muchas veces la hemoglobina es más o menos normal pero no así el nivel de los depósitos. Esto puede indicar ya cierto déficit de hierro, aunque el problema en sí no esté instaurado todavía.

El diagnóstico deberá emitirlo siempre el facultativo. Atención: nunca hay que tomar hierro ni suplementos sin prescripción médica. Una hemoglobina baja sin otro dato analítico indica anemia, pero no forzosamente ferropénica.

Y existen anemias, como la producida por algunas enfermedades crónicas, que no solo no necesitan hierro sino que, en el caso de que se tomara, empeorarían de modo considerable.

Suplementos de hierro: ¿cuándo tomarlos?

Cuando se tiene una anemia ferropénica moderada o grave, no basta con seguir una dieta adecuada. Generalmente será necesario, además de una dieta rica en hierro, tomar sales de hierro.

Son especialmente útiles las de hierro ferroso, pues se absorben mucho más fácilmente que las de hierro férrico.

Un punto importante que debe tenerse en cuenta es que no se puede tomar una dosis libre ni excesiva de suplementos de hierro. Se procurará no sobrepasar los 100 mg por dosis y la frecuencia dependerá de la gravedad de la anemia.

Es el médico quien debe instaurar la pauta, porque un exceso de hierro puede conllevar problemas graves, especialmente en niños. Y esto es así aunque el hierro sea de origen «natural».

En general los efectos secundarios más frecuentes de las sales de hierro son las náuseas, los vómitos y el estreñimiento, que variarán de una persona a otra y en función de la dosis.

Por supuesto, la otra parte del tratamiento será investigar la causa de la anemia para poder corregirla.

Si se debe a la dieta, el tratamiento es obvio y pasa por aumentar el consumo de alimentos ricos en hierro y adquirir hábitos que favorezcan su absorción, pero deberán también descartarse las otras causas descritas.

De ahí que ante una anemia severa la visita al facultativo sea obligada. Tanto como los suplementos de hierro: ninguna dieta puede curar por sí sola de forma efectiva una anemia grave.

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